domingo, 2 de febrero de 2014

Dimanches

La esquina.
Así llamamos a esa mítica intersección de la calle que nos separa a nuestros respectivos hogares (y Dios a la de las tres).


Todo comienza en ese punto, pues en algún lugar hay que empezar las quedadas o mejor dicho, mi espera (soy mujer impuntual homocigota dominante genéticamente) y las amenazas incumplidas de "no te esperamos más, te irás sola la próxima" y es que "la próxima" aún no llegó, las tengo inmunizadas, veintitres años de amistad... dan pá mucho!!

Donde todo empieza y acaba vicious circle. Nos tachan de valientes vs pringadas cuando decidimos recogernos andando -incomprendidasociales- y es que definitivamente, los idiotas son los demás...sí, habéis leído bien: todos menos nosotras. Pues son los demás los que no aprecian una recogida on foot, a mí señoras y señores que me dejen de tonterías pero el coche sólo quita el frío y acelera motores corporales - oJo que no digo que no lo aprecie (una lo agradece en ciertas circunstancias) pero el romanticismo de que un Apuesto-Caballero te acompañe a casa son bonnes moeurs perdidos cual euros un sábado flamenco.


Estoy muy orgullosa de poder decir con voz clara y bien alta que mis mejores recogidas han sido andando -o al menos intentándolo- pues los gintonics y las risas de las locuras bebidas-realizadas, a veces no nos permiten andar con paso firme y derecho (tacón en mano/ vaso robado en la otra).


Es allí en esa esquina donde hemos tomado nuestras mayores decisiones, confesado nuestras debilidades y fortalezas, recordado logros y superado errores. Allí donde hemos escuchado a los vecinos intentar subir al séptimo cielo, desde aquí les pido perdón (que sé que no vais a leerme) al del número trece y al del número dos, ellos son testigos al igual que nosotras de los grandes secretos que las noches esconden.
Perdón por las risas a horas insospechadas da igual 4 de la tarde que de mañana, primavera/verano-otoño/invierno lunes o viernes, domingo que martes, allí estamos. Y es que somos unas inoportunas locas e imprevisibles, no respetamos ni siesta ni descanso nocturno -algo malo tendríamos que tener-


Y si algún día tengo hijos, esos de los que hablamos a veces (aunque no tengan ni pies ni cabeza) quiero decirles orgullosa que yo viví los veintitantos con intensidad, importándome todo no-mucho o más-bien-poco, que mis amigas han estado siempre conmigo y yo con ellas, y es que esta edad difícil y fácil, etapa de cambios y decisiones importantes que marcarán el resto de nuestros días la he vivido con ellas y con ella:
La esquina del domingo.



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